Son innumerables las ocasiones que se nos presentan para poder ayudar a los demás; y no me refiero sólo a campañas puntuales contra el hambre, proyectos educativos y sanitarios en países pobres, ayudas a afectados en catástrofes naturales… sino al bien que realizamos en el día a día: cuando visitamos a un enfermo, cuando acompañamos a una persona mayor, cuando ayudamos al vecino que está en paro… Esas “pequeñas” cosas contribuyen a la construcción de un mundo mejor.
Marcando la X a favor de la Iglesia, estamos ayudando a un gran bien; ayudando a un gran número de personas que lo necesitan. La Iglesia favorece, y de qué manera, que las cosas vayan un poco mejor; a través de sus instituciones y su trabajo diario. El hacer el bien es el día a día de la Iglesia, y no lo hace por obligación sino por Amor. Una de las formas que tenemos para mostrar plausiblemente que queremos ayudar es marcar la casilla de la Iglesia en la Declaración de la Renta.